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“Esto lo tiene que poder utilizar hasta mi abuela. Tiene que ser ridículamente sencillo de usar“, afirma Román Orús, cofundador de Multiverse.

Multiverse

“Esto lo tiene que poder utilizar hasta mi abuela. Tiene que ser ridículamente sencillo de usar“, afirma Román Orús, cofundador de Multiverse. Con este nombre uno puede hacer una rápida y equivocada asociación de ideas. Se puede caer en el error de pensar que esta empresa vasca es, en realidad, una ‘startup’ que intenta meter un pie en el negocio del metaverso, una de esas revoluciones que prometen mover millones de euros en todo el mundo y que Facebook intenta abanderar con el fin de salvar su agrietado imperio. Ellos se dedican a otra de las grandes promesas tecnológicas: la computación cuántica, esa disciplina que promete desarrollar ordenadores capaces de resolver en mucho menor tiempo y con menor consumo energético los problemas que se le atragantan a las supercomputadoras, que supuestamente tienen más problemas a la hora de abordar ingentes cantidades de datos.

Un carro, el de la computación cuántica, al que ahora se quiere sumar el Gobierno español, que anunció esta semana una inversión de 22 millones de euros para desarrollar el primer equipo de esta naturaleza del sur de Europa,que podría estar listo para finales del próximo año. “Nosotros no estamos en esas. Lo nuestro es la parte del ‘software’. La del ‘hardware’, con los gigantes estadounidenses que hay metidos, es una carrera imposible”, remata su compañero Enrique Lizaso, CEO de la firma.

Un ‘Excel’ cuántico

Su obsesión por hacer digerible algo tan denso como esta rama de la informática se deja ver en sus explicaciones, masticadas para ser asimiladas por el común de los mortales. Por supuesto, este empeño se nota y mucho en cómo empaquetan sus algoritmos cuánticos que pueden gobernarse desde una hoja de Excel sin tener el más mínimo conocimiento de la materia. “Diseñamos una extensión para las hojas de cálculo, que al final es lo que se utiliza en el sector financiero, donde están nuestros principales clientes. El consultor o el analista selecciona los valores que quiere y la simulación se realiza sin que ellos tengan que hacer nada más”, explican. “Se habla mucho de la revolución cuántica, de que hay que prepararse con ingenieros y expertos… En realidad, lo que hay que hacer es hacerlo accesible para que esto se generalice”.

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